El agro, que concentra al 38.3% de los trabajadores de Cusco, sería uno de los sectores más afectados, dado que el 57.2% de la superficie agrícola regional depende de las lluvias.
La reciente declaratoria del estado de emergencia por 60 días ante el riesgo de déficit hídrico evidencia la vulnerabilidad de la región Cusco frente al Fenómeno El Niño (FEN). Según Cenepred, es la segunda región con más personas expuestas a riesgo alto o muy alto de sequía durante la temporada 2026-2027: 1.2 millones de cusqueños, equivalentes al 85.7% de la población regional. Enfrentar este riesgo exige autoridades regionales y locales capaces de anticiparse, ejecutar oportunamente inversiones hídricas y coordinar una respuesta eficaz.
El agro, que concentra al 38.3% de los trabajadores cusqueños, sería uno de los sectores más afectados. En la región, 508 mil hectáreas agrícolas están expuestas a riesgo alto o muy alto de sequías, de las cuales 347 mil se encuentran bajo secano y dependen exclusivamente de las lluvias. En total, el 57.2% de la superficie agrícola de la región se cultiva bajo este sistema, según la Encuesta Nacional Agropecuaria 2025. Por ello, una menor disponibilidad de agua puede reducir considerablemente las siembras y los rendimientos.

Las consecuencias económicas de los eventos climáticos adversos ya se observaron en 2023, cuando el 86.6% de las hectáreas agrícolas cusqueñas registró afectaciones, principalmente por sequías (41.3%) y heladas (44.7%). En ese contexto, la superficie sembrada durante la campaña 2022-2023 disminuyó 5.7% y el PBI agropecuario de Cusco cayó 6.4%. El sector llega vulnerable al nuevo escenario: entre enero y mayo de 2026, la producción agrícola cayó 10%, principalmente por la menor producción de papa (-8.7%).
El déficit hídrico también podría comprometer el abastecimiento de agua potable. Al 2025, solo el 44.1% de la población recibe agua con niveles adecuados de cloro residual y la continuidad promedio del servicio alcanza 19.8 horas diarias. Además, el 42.2% del agua producida no genera ingresos para las EPS, lo que limita los recursos disponibles para mantener y ampliar la infraestructura.
Los efectos de las sequías sobre la generación eléctrica ya son visibles a escala nacional. Entre enero y julio de 2026, la producción hidroeléctrica cayó 3.1% ante las menores lluvias, según el COES. Esta menor disponibilidad obliga a utilizar plantas a diésel, cuyos costos de producción son hasta cinco veces mayores. En Cusco, las centrales eléctricas Machupicchu y Santa Teresa dependen del caudal del río Vilcanota, por lo que una reducción prolongada podría limitar su producción y elevar los costos del sistema eléctrico nacional.
En este contexto, elegir autoridades competentes en las próximas elecciones regionales y municipales será determinante para reducir la vulnerabilidad de Cusco frente al FEN. Las nuevas autoridades deberán ejecutar oportunamente inversiones en reservorios, canales y cosecha de agua, además de articular la respuesta ante emergencias.
Vía: Instituto Peruano de Economía (IPE)
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