Caminen Conmigo

Hoy 26 de junio cumplo 22 años. Sería una fecha cualquiera si no fuese por toda esa gente linda que me hace sentir un poco más especial en cada momento de mi vida y en particular hoy día.

Hoy 26 de junio cumplo 22 años. Sería una fecha cualquiera si no fuese por toda esa gente linda que me hace sentir un poco más especial en cada momento de mi vida y en particular hoy día. No hay mejor sensación en esta vida que quererse a uno mismo, sentirse querido y saber que cada paso que das retumba, retumba y retumba a kilómetros de distancia, porque no estás sólo, porque hay personas atrás y adelante, que caminan contigo, por ti y para ti.

La gente que me rodea, que me hace sentir una mejor persona cada día, que motiva  cada paso que doy; esa gente que me cambia la vida de forma permanente; esa misma gente que es a la vez gente y aliento; esa gente algún día topó conmigo y entonces surgió un intercambio un poco cliché pero un intercambio al fin y al cabo: no hubo más que una apertura mutua de corazón y subrayo que fue de la siguiente forma y no exagero ni más ni menos: les abrí el corazón, y ellos lo hicieron conmigo. Fue un pacto que no acordamos, fue un acuerdo, me atrevería a decir de caballeros, inquebrantable pero por sobre todo implícito. No hubo necesidad de contrato ni notario y estoy completamente seguro que jamás podré conseguir un mejor trato que el que recibí aquel día.

Lo más bonito de esto, es que esta relación, la firmé y la firmamos de manera voluntaria, sin compromiso y sin fines de lucro. Lo firmamos sin ánimos de relucir, sin ganas de provecho, sin esperar un esperado de riqueza y sin querer ser alguien más. Ese pacto que se firmó, resalto que de muy caballeros, fue un pacto de amor y en ese sentido no se firmó con efectivo en mano ni exigió boleta a cambio. Este acuerdo fue en esencia tan puro que no demandó ni tonalidades ni colores, no encontró fallas ni errores y por ello no hubo ni habrá jamás cabida para dar lugar a reclamos en el libro de reclamaciones.

Este paraíso fiscal que no entiende, valga la redundancia de regulaciones, se llama amistad. Este paraíso terrenal del cual cuento, lo formé aquí mismo, en mi Perú, Berú y Birú. Así como sus múltiples sinónimos y falta de singular identidad desde su arraigo y fundación allá por el siglo XVI, forjé yo también un país que jamás distinguió entre apellidos rimbombantes, anglo-sajones y compuestos y chinos, japoneses, locales y nativos. Cuando construí mi país en ese tan hermoso pacto, de caballeros (y vamos por la tercera), no distinguí tampoco entre orientaciones sexuales. Ello jamás entró en la ecuación, no lo pregunté, no lo razoné y es que tampoco me importó.

Hoy 26 de Junio, disfruto de caminar acompañado. Disfruto también de comer, vivir y respirar del Berú, Birú y Perú que he construido. Disfruto de mis amigos (y es que no les coloco adjetivos porque son amigos y punto).  Disfruto de cada uno de ellos pues me alimentan, me complementan y me hacen persona y gente, porque eso somos al fin y al cabo gente y persona. Últimamente, hay quienes quieren silenciar mis pasos, regular mis andanzas y cortarme las piernas. Hay quienes quieren segregar, rechazar y discriminar mis y nuestras formas, raíces,  gustos y demás.

Me preocupa que a causa de ello(s) mis andanzas en el mañana dejen de retumbar como lo hacen hoy día. Es por ello que a estos precursores de lo erróneo los invito a mi cumpleaños, a caminar conmigo, a caminar con ellos, a hacer más bulla, a mover el piso, a retumbar al son de nuestros pasos y en estricta esencia, a  dejarse de huevadas.

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