Me enamoré

Redacción PQS
Había que guardar silencio hasta esta noche.  No había escrito nada últimamente y es que no había sobre qué tampoco. Me ausenté de PQS cansado de darle vueltas a lo mismo, reflexionar sobre eternas derrotas, sonrisas desdibujadas y muecas cóncavas.

Había que guardar silencio hasta esta noche.  No había escrito nada últimamente y es que no había sobre qué tampoco. Me ausenté de PQS cansado de darle vueltas a lo mismo, reflexionar sobre eternas derrotas, sonrisas desdibujadas y muecas cóncavas.

Esta noche asistí a una clase sin querer y sin querer queriendo me enamoré. Me volví a enamorar, como en el 2003, como en el 2004, cómo aquel jueves 18 de febrero del 2010. Me enamoré como cuando leí la carta a Juan Guillermo Cuadrado. Me re-enamoré de la vida, de los resultados ilógicos, de los locos de buen corazón, de los que te cagan la polla, del golpe con sangre en la cara y sudor en la frente, del árbitro que no hecha a temblar la mano y cobra penal en contra, en Argentina y contra los argentinos, del que lo ejecuta con hidalguía, humildad y confianza, de los que saben esperar, de los que meten, meten y meten. Me enamoré estimado lector, me enamoré una vez más del juego, del buen pase, de la pierna dura, de las miradas desencajadas en el Juan Domingo Perón y en esta oportunidad, aunque de corazón blanquiazul, me enamoré del Sporting Cristal.

Había que esperar un poco más de cinco años, luego de ese brillante partido de Alianza Lima contra Estudiantes de la Plata, para que un grupo de hombres nos enseñen lo que se puede lograr con un poco de magia, dedicación y hambre de superación. En un mundo injusto y desigual, y el fútbol siendo una clara representación de ello, hay quienes tienen evidentemente mayores posibilidades de triunfar, de llegar a la gloria máxima, sea esta por una mayor dotación de habilidad o fortuna. Pero hoy estimado lector y déjeme acordarme de la fecha, 10 de Marzo del 2015, un puñado de hombres me enseñó que cuando se sabe esperar, cuando no se pierde la brújula, cuando se aguanta ante la adversidad, cuando se mantiene la esperanza, la frente en alto, la sazón que uno trae de casa y el recuerdo de la misma, las oportunidades del puntillazo de triunfo, del grito de gloria, del sudor de victoria, del batacazo final suelen llegar, para quienes sueñan, luchan, se mantienen firmes y no cesan y sobre todo, no cesan.

Hoy el Sporting Cristal nos demuestra de forma brillante que todo sueño poeta tiene buen recaudo, que toda ilusión no queda echada por el destino, que la mala suerte no existe y que como se suele escuchar en el argot, en la vida como en el fútbol no juegan nombres sino hombres.

Una vez más, gracias Sporting, gracias fútbol

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