Maritza Zapata: “Ahora hay muchas investigadoras que llevan su conocimiento a las futuras generaciones y empoderan a las niñas”

Maritza Zapata es la creadora de un ladrillo hecho con el lodo orgánico que contamina la bahía El Ferrol de Chimbote desde hace más de 60 años. Su invención le valió la medalla de bronce en la Feria Internacional de Invenciones de Corea del Sur-KIWIE 2020.

El 8 de marzo de 1908 ocurrió un suceso que marcó la historia del trabajo en el mundo entero: 129 mujeres murieron en un incendio en la fábrica Cotton, de Nueva York, Estados Unidos, tras declararse en huelga. ¿El motivo? Buscaban la reducción de la jornada laboral a 10 horas y un salario igual al de los hombres que hacían las mismas actividades.

Con este antecedente, la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) designó oficialmente el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer.

En la actualidad la fecha sirve para conmemorar la lucha por la erradicación de la violencia de género y lograr la igualdad entre mujeres y hombres, pues estas últimas continúan desarrollándose en ambientes sociales, económicos y políticos desfavorables.

En medio de esta fecha PQS ha decidido lanzar el especial “Mujeres de negocios”, en el que se conversa con ocho mujeres emprendedoras o investigadoras sobre sus experiencias.

Una de ellas es Maritza Zapata, creadora de un ladrillo hecho con el lodo orgánico que contamina la bahía El Ferrol de Chimbote desde hace más de 60 años. El material, compuesto por el 20% de este residuo, tiene una resistencia de 60 kilogramos por centímetro cuadrado, superior al mínimo de 50 kilogramos por centímetro cuadrado exigido por el Reglamento Nacional de Edificaciones.

La invención de la ingeniera civil le valió la medalla de bronce en la Feria Internacional de Invenciones de Corea del Sur-KIWIE 2020.

mujeres stem

Maritza, ¿cómo te defines a ti misma?

Realmente nunca había pensado en eso, pero me defino como una persona que tiene la capacidad de afrontar los obstáculos que se me presentan. Ante la adversidad, ante los problemas siempre intento superarlos.

Yo tuve muchos percances con esta investigación por la cual me contactas, pero a pesar de eso lo logré con la ayuda de Dios y de mi familia.

¿Cómo fue tu primera aproximación a la ciencia? ¿Qué te impulsó a decidirte por estudiar Ingeniería Civil?

Es gracioso porque yo pertenecí a la selección de judo desde los 15 años, casi 3 años estuve en la selección nacional y entrenaba en Lima. A raíz de un accidente mi vida cambió totalmente. Yo siempre tuve la idea de hacer judo hasta viejita, cuando te apasiona algo quieres hacerlo por siempre y a mí me apasionaba el judo. Ahora lo practico, pero ya no a un nivel competitivo.

Después del accidente tuve que dejar el judo y pensar en el futuro, ahí es donde entra mi mamá porque yo no sabía qué hacer o qué estudiar, entonces ella empezó a brindarme las opciones de carreras. Estuve analizando tantas carreras que hasta me iba por el lado de la salud, pero llegué al punto de decir “me gusta estar en campo” y así fue como elegí Ingeniería Civil.

Como la mayoría de los alumnos, al inicio ingresé porque tenía que estudiar, pero en el transcurso me enamoré totalmente de mi carrera. En este instante de mi vida y de mi carrera, ya colegiada y titulada, puedo decir que realmente amo la ingeniería civil.

¿Fue difícil para ti tomar la decisión de estudiar ingeniería en un país donde las referentes mujeres en esta disciplina son pocas?

Sí, honestamente sí tuve que aprender a sobrellevar ese tema porque, por lo general, los ingenieros civiles son hombres. En mi promoción fuimos 11 mujeres de un aula de 60 y siempre decían que las chicas no carguen, pero nosotras decíamos que podíamos hacer las mismas cosas que ellos.

En la carrera tuve que aprender a superar ese obstáculo que te ponen por ser mujer. Dicen, por ejemplo “si vas a ser ingeniera civil, te vas a oficina, no a campo”, pero yo disfruto estar más en campo que en oficina.

Maritza, ¿qué problemática quisiste solucionar con la creación del ladrillo hecho con lodo orgánico?

Yo quería hacer un proyecto que sume a mi sociedad, no que sea una investigación más. Yo quería hacer un ladrillo con mejor resistencia, estuve haciendo averiguaciones con biólogos para utilizar algas, pero no podía maltratar el ecosistema marino, entonces ahí empecé a ver una problemática acá en Chimbote: el lodo que lleva contaminando la bahía por más de 60 años.

Luego de evaluar la granulometría, es decir, la textura del lodo, se llegó a la conclusión de que podría mejorar en algo el ladrillo y bueno, el resultado fue óptimo.

¿Cuáles fueron las mayores dificultades a las que te enfrentaste en el proceso?

El primero fue que yo estaba haciendo la investigación sola y tenía que movilizarme y llevar todo el lodo por aquí por allá, pero gracias a Dios mi primo y mi mamá me apoyaban. Como parte del proyecto fue financiado por la universidad, pude contratar a un señor para la movilización.

Luego tuve que trasladar los ladrillos ya elaborados a Lima porque en la UNI hay un laboratorio para un ensayo de muretes, un muro pequeño que simula un muro normal para ver la resistencia del ladrillo. En Chimbote no hay un laboratorio así, por eso mi opción era ir a la UNI o a Cajamarca.

¿Consideras que es difícil para una mujer peruana iniciar un camino en la ingeniería?

Ahora ya no. Creo que antes sí era más difícil porque se menospreciaba la inteligencia de una mujer, antiguamente quien tenía la última palabra era el hombre. Ahora hay muchas mujeres investigadoras que llevan su conocimiento a las futuras generaciones y empoderan a las niñas.

ladrillos chimbote
Esta invención le valió a la ingeniera civil la medalla de bronce en la Feria Internacional de Invenciones de Corea del Sur-KIWIE 2020.

¿Recuerdas alguna experiencia en el que hayas sido discriminada por tu género en el mundo de la ingeniería?

Hasta hace unos días te hubiera dicho que ninguna experiencia, pero hace poco pasó algo: yo me encargo de la supervisión de la obra y estuve dándole algunos tips al que ejecuta, pero no los tomaba en cuenta porque conmigo no quiere coordinar nada por el hecho de ser mujer, con mi jefe inmediato si se lleva muy bien, pero conmigo no quiere hablar.

¿Qué crees que le hace falta al Estado y a la empresa privada para impulsar a las mujeres en la ciencia?

Más apoyo económico. Yo hice esta investigación y me presenté a otra entidad para continuar con el proyecto, pero me dijeron que ya no podía. Al inicio dijeron que se podía hacer muchas cosas, pero quedó ahí el proyecto por más que me presenté en varios lugares.

¿Te gustaría poder emprender con tu proyecto de ladrillos elaborados con lodo orgánico?

Sí, en realidad en el proceso de la investigación ese fue mi sueño, estuvo en mi mente y espero que se mantenga en el tiempo el poder realizar esta investigación a gran escala para beneficio de la población de Chimbote.

Cuando recién inicié el proyecto aquí en casa yo dije que en algún momento lo iba patentar y ahora ya está en ese proceso. Espero que salga pronto la patente para poder compartirlo con entidades o empresarios que quieran invertir en este invento.

¿Qué consejo le darías a una mujer que quiere estudiar alguna carrera STEM?

Le diría que si realmente les gusta, deben luchar y prepararse todo el tiempo. Cada vez la tecnología avanza, yo antes hacía mis planos con regla, ahora ya tenemos programas nuevos que los hacen.

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