CUERNOS: el demonio que llevamos dentro

Fui a ver Cuernos (Alexandre Aja, 2014) predispuesto por el comentario de un amigo: “Vas ver la película donde Harry Potter tiene los cachos de Hellboy”. No me entusiasmaba la broma pero al terminar la proyección debo felicitar un relato entretenido, reflexivo y bien filmado. Una isla en un mar de estrenos comerciales cada vez más vacíos e intrascendentes. Mérito del francés Aja, que ha evolucionado en su propuesta después de títulos como Alta tensión, Las colinas tienen ojos y Piraña 3D. Todas en el género del terror.

 

Trailer de Horns

La historia: Un joven se levanta totalmente ebrio y, aparentemente, asesinó a su novia. De pronto, unos cuernos le empiezan a salir y decide investigar el crimen. Le acompaña un don: las personas muestran su verdadero yo interior al verlo. Todo en el escenario de un pueblo de leñadores situado en medio de las montañas. ¿Les resulta familiar el argumento? Si, parece salida de un libro de Stephen King pero en realidad la película adapta la obra homónima de su hijo, Joe Hill, quien continúa con el estilo de historias surrealistas, que critican la hipocresía que afecta a la sociedad contemporánea.  Se plantea un personaje que para descubrir la verdad debe dejarse llevar por el lado “diabólico” de su naturaleza humana. Entender al mal para identificarlo y erradicarlo. Mucho más cuando ese “demonio social” está sembrado en una pequeña ciudad, donde la calma y el aparente letargo, oculta el peor de los infiernos.

 

Las referencias: La película ha cuidado mucho sus referencias bíblicas. Está la idea de un edén contemporáneo, en mitad del bosque y alejado de la mundana ciudad. Ahí se encuentran los dos amantes del relato, analogía del Adán y Eva de nuestros tiempos, refugiados en un amor limpio y con su propio “árbol de la sabiduría”. El pueblo equivale a un Sodoma y Gomorra. Los habitantes son todos pecadores (al ver la película, intenten descubrir los pecados capitales en sus personajes), hipócritas a tiempo completo, que sueltan su mal interior observando los cuernos de Ig. Hasta aquí se podría decir que las referencias tienen una analogía demasiado básica pero ese es justamente el gran aporte de la historia. Metáforas cercanas al gran público que le mueven a preguntarse si su entorno más cercano puede ser igual o más cínico que el planteado en el filme.

¿Género? No se podría clasificar a Cuernos en un solo género. Es interesante encontrar en la cartelera una película aparentemente de terror o thriller que le da un giro a la premisa. En la primera parte, tiene de realismo mágico e intenso humor negro, variante que atrapa al espectador por vincularlo con situaciones cotidianas en tono de comedia. La segunda parte, tiene de drama romántico y clásico formato de investigación criminal. Esta variante se extiende sobremanera y sucedió algo que me consternó: el público abandonó la sala en el epílogo del filme. La reflexión tiene que ver con las expectativas de una audiencia esperanzada en que la comedia o el terror en estado puro (visto en el afiche) aparezca.

 

Lo mejor y lo peor. Tremendo Daniel Radcliffe en su interpretación de Ig Perrish. Le dice adiós a Harry Potter y enfrenta la creación de un personaje complejo, con muchos matices, que se hace más intenso conforme aparecen los conflictos en la película. Otro detalle muy rico del filme es la música. Muchas canciones noventeras, guiños a Nirvana, David Bowie y The Pixies. La crítica negativa tiene que ver con los flashbacks. La niñez del personaje principal se hace muy larga y algo ingenua. Se plantea la historia de un amor infantil que se mantiene con los años. Es muy edulcorada, mucho más con la escena que descubre las verdaderas intenciones de la novia, casi en terrenos telenovelescos. A pesar de todo, Cuernos motiva la reflexión del público justamente por la honestidad de la producción: una película con clara naturaleza comercial pero que siempre va más allá. 

Total
0
Shares
Post previo

El marketing viral como herramienta de comunicación para las empresas

Post siguiente

Nintendo: Cuenta regresiva para la nueva consola

Related Posts

El factor humano

El escritor británico, Jhon Carlin, retrata en su libro “El Factor Humano” un Mandela impregnado de humanidad que, a través de su capacidad innata de persuadir al oponente y su tenaz deliberación de utilizar el deporte como arma de unión, logró sellar el camino de la paz y mejorar el rumbo de la historia.

Leer más