El documental de Mávila: un ¡Grausu Mare!

Que la televisión peruana de señal abierta transmita un documental es algo inédito. Es un género olvidado por los medios nacionales. Sin embargo, no hay nada creativo en los insertos de ficción: diálogos telenovelescos que parecen sacados de una canción de Arjona.

LO MEJOR: ¡Rescatemos al documental!

Que la televisión peruana de señal abierta transmita un documental es algo inédito. Es un género olvidado por los medios nacionales. Referentes son los trabajos de Alejandro Guerrero en los noventa. Panamericana transmitía documentales que Guerrero, periodista curtido, narraba con una seria y ronca voz en off, característica que marcó una década por su éxito. Incluso, salió a la venta un pack de VHS con sus documentales. Luego, una docuficción, llamada Hombres de bronce, que relataba logros de figuras representativas del Perú. Y más reciente, Candamo, la última selva sin hombres

Tema bien elegido:

Contar la vida de un héroe ya es algo digno en una TV que tiende cada vez más al entretenimiento y al espectáculo. Acercar al poblador datos desconocidos del denominado “peruano del milenio” es ya colaborar a una programación distinta, que informa y educa de alguna manera (sin ser este último un objetivo obligatorio de la TV).

LO PEOR: Ficción trillada:

No hay nada creativo en los insertos de ficción: diálogos telenovelescos que parecen sacados de una canción de Arjona. El relato remite a escenas de ¡Asu Mare! Porque usa una estructura de artificial biopic televisivo. Pero hay situaciones que sí son cercanas a la película más taquillera del Perú. Por ejemplo, el cortejo entre Grau y su futura pareja es similar a la escena de fiesta donde Cachín descubre al amor de su vida. También la escena del pescador cantante que inspira al niño Grau es  equivalente a la escena del niño que le cambia la vida a Alcántara en ¡Asu Mare! Un punto aparte la secuencia de la playa junto a su amada. Con subtítulos serían imágenes perfectas para un vídeo de Karaoke. También el risible recurso de la “bruja = destino” vaticinando el futuro negativo de Grau.

Trailer promocional

Mávila, la protagonista: 

Demasiada pantalla en el documental a la narradora. Mávila Huertas aparece más que el propio Grau. Contraplanos, convivencia con los personajes que son familiares de Grau; es usada como transición y como “guía” en partes del relato. Ella tiene demasiados vicios televisivos, una voz en off sensacionalista por momentos y unas analogías con algo de retórica al estilo de Paulo Coelho.

 

Todo está musicalizado:

Se entiende el espíritu épico que tiene la figura y acción de Grau pero la música no debería exagerar en ese concepto. En ningún momento se detiene, contamina todas las secuencias y no le da respiro ni calma al espectador, llegando a incomodar y hasta ser un recurso de mal gusto.

 

Un mal casting para Grau:

Talentoso en la comedia y virtuoso en el drama, sobre todo en Perro Guardián. Pero como Grau no da la talla. El maquillaje parece que usó el pelo largo de machín Alberto para hacerle la barba; y el látex de rostro parece el que usa Johnny Knoxville en Jackass. Entiendo que es el actor de moda y que asegura rating pero el público agradecería una mejor impostación de voz y mayor presupuesto para un maquillaje con mejor acabado.

 

Una floja visión histórica:

La rigurosa investigación de la que se jactaban los previos al estreno no se sienten en el documental. Hace falta manejo de recursos para acercar datos al público o dar mayor tiempo a los testimonios, que sí están bien registrados y son entretenidos gracias al montaje y a la pasión de los entrevistados. Hay que mencionar un logro hermoso del documental: haber obtenido el testimonio de un historiador admirable como José Agustín de la Puente, alguien tan noble como el mismo Grau. 

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