El elefante desaparecido: cine negro del Perú

Fui a ver el Elefante desaparecido (Javier Fuentes León, 2014) y tuve sentimientos encontrados. Primer conflicto. Un sujeto comentó en la cola “no compres entradas para la película peruana que es malísima”. Me incomodé. Segundo …

Fui a ver el Elefante desaparecido (Javier Fuentes León, 2014) y tuve sentimientos encontrados. Primer conflicto. Un sujeto comentó en la cola “no compres entradas para la película peruana que es malísima”. Me incomodé. Segundo conflicto. Una sala con solo siete personas. Otro golpe emocional. La película comenzó y mis dramas desaparecieron: un fotograma fragmentado como un gran puzzle me imbuyó a la que considero es la mejor película peruana de este año.   

Lucho Cáceres le roba protagonismo a Salvador del Solar en la mayoría de escenas compartidas.

La historia del escritor de novelas policíacas, Edo Celeste (Salvador del Solar) y su búsqueda por saber qué pasó con su desaparecida novia es la premisa de un relato intrigante, que sitúa ciertas acciones en el terremoto que sacudió Pisco hace 7 años y en esa desaparecida belleza natural llamada El Elefante de Paracas.

Agradezco el homenaje al cine negro: Investigación policíaca, personajes ambiguos (típico bad good boy). Dos femme fatale interpretadas maravillosamente por Angie Cepeda y Vanessa Saba. Y una historia que conforme avanza se hace más retorcida y oscura en narrativa y estética, con elementos oníricos y giros del guion que exige un esfuerzo reflexivo del público.

La vida de Edo se convierte en un rompecabezas y esa idea se expresa en la dirección de arte, con pisos llenos de recuadros y paredes con formas cuadradas. La fotografía del colombiano Mauricio Vidal pinta unos claro oscuros maravillosos, al estilo del Tercer hombre de Carol Reed. Y la música de Selma Mutal, grandilocuente y con motivos recurrentes que transportan al espectador dentro del mundo interior del personaje.

Es inevitable hablar de los referentes de la película. Un giro argumental muy similar al de Mulholland Drive de David Lynch. La escena del encuentro en el baño entre Lucho Cáceres y Salvador del Solar, con reminiscencias a El resplandor de Kubrick y Lost Highway de Lynch. Los planos de Vanessa Saba en la playa, tiene encuadres similares a los de Jennifer Conelly en Dark City de Alex Proyas y en Réquiem para un sueño de Darren Aronofsky. Las escenas en Paracas, con un tufillo visual y sonoro a El escritor fantasma de Roman Polanski.

 

En la película, todos tienen una carga de sospecha. (¡SPOILER!) Eso aumenta la paranoia del personaje en su búsqueda de la verdad. Lo que para el público es la historia de un escritor perdido en su laberinto es en realidad el relato de un personaje de ficción que ha cobrado vida y que se niega a aceptar su inevitable final. El director somete al público, lo obliga a ponerse en el pellejo de un desdichado personaje de ficción literaria que ha roto la barrera del libro y que al final debe ser testigo de su muerte: la edición final de la saga de novelas del detective Felipe Aranda.  

Termina la película con un final nada condescendiente. Solo atino a voltear. Uno de los siete espectadores era el prejuicioso tipo de la cola. Al final entró a ver ‘la peruana’. Tenía cara de consternación, estaba en silencio. No era para menos. El elefante desaparecido te ofrece un cine de preguntas más que un cine de respuestas. Gracias Javier Fuentes León, por sumar inteligencia a esta etapa prolífica del cine peruano. 

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