Terror peruano: ¿Fórmula o gusto popular?

El año pasado, Cementerio general fue la película de terror más vista en el Perú y obtuvo otros records de taquilla que han emocionado a sus realizadores y a las salas de exhibición. Sin embargo…

El año pasado, Cementerio general fue la película de terror más vista en el Perú y obtuvo otros records de taquilla que han emocionado a sus realizadores y a las salas de exhibición. Sin embargo, la crítica se maleó: la tildaron de usar una fórmula gastada, de provocar más risas que sustos, de pésimas actuaciones, de colgarse del fenómeno ¡Asu mare! y de tener una estructura narrativa para el olvido.

 

 

Este año, su realizador, Dorian Fernández, apostó por una película tipo found footage llamada Secreto Matusita, que sigue la línea de El proyecto de las Brujas de Blair y de Actividad paranormal. Nuevamente, las críticas ultradestructivas. Me pregunto, ¿es una minoría la que critica los primeros intentos de hacer películas de terror en el Perú? Lo digo porque el público sigue yendo a verlas y las críticas contra el cine de Fernández no frenan ese ímpetu en los realizadores que siguen su línea. Ahora, siendo sinceros, Dorian no fue el primero. Palito Ortega, realizador ayacuchano, dirigió en el 2002 ‘Incesto en los andes: La maldición de los Jarjachas’, propuesta que tuvo algunas secuelas. Este año, estrenó en muchas salas comerciales El demonio de los andes. También se unió al grupo Frank Pérez Garland con La cara del diablo.  

 

 

La realidad es que al peruano le gusta el terror. Lo evidencio cada vez que voy al cine y la gente disfruta de las propuestas yanquis o las tres nacionales que he mencionado. Y es que el terror es uno de los géneros cinematográficos más antiguos y exitosos. El expresionismo alemán marcó una pauta narrativa y de estilo que hasta hoy lo define. Como todo género tiene características fáciles de identificar: historias con carga sobrenatural, miedo a lo desconocido, locaciones tenebrosas, la mayoría de las veces con iluminación en clave baja y recursos sonoros muy efectistas. También, misterio y giros sorpresivos en el guion, y crisis sufridas por los personajes y que suelen provenir de factores externos (el asesino, el monstruo, el fantasma… el “cuco” que nos aterra desde niños; eso que no conocemos y que nos une en un sentimiento común para la humanidad: el miedo).

La crítica irrumpe y menciona la falta de originalidad. Yo me pregunto, ¿se ha realizado alguna encuesta formal para medir la (in)satisfacción del público que ve las películas peruanas de terror? ¿Solo medimos la opinión de las personas que tenemos en nuestras redes sociales sobre si les gustó o no el filme? Las opiniones se respetan pero me parece absurdo decir que la audiencia se aburrirá rápidamente de la fórmula. No ha pasado con las producciones hollywoodenses que siguen llenando salas con historias recicladas. En el país, recién estamos empezando una dinámica de producción de películas de terror que están logrando índices de audiencia interesantes. Incluso, Dorian Fernández junto a Kathy Serrano, han organizado el Festival Internacional Terror Fest, que es un espacio para disfrutar del terror en formato de cortometraje, lo que promueve la realización y el diálogo sobre el género.

 

Afiche del Festival Internacional Terror Fest

Este tipo de propuestas crean la necesidad de ver y hacer terror. Dorian es inteligente y prepara un escenario futuro para tener más terror, interiorizado y forjado en los realizadores jóvenes que de hecho nutrirán el género en nuestro país.  Respeto a los críticos pero también hay que darle un chance a quienes colocan la primera piedra para lo que, esperemos, sea una industria prolífica de películas de género, entre las que destaque el terror bien hecho, ese de gran atractivo para el gusto popular. 

 

 

 

 

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