Acá tenemos muchos chinos, pero no somos China – por Luis Fernando Nunes

Acá tenemos muchos chinos, pero no somos China – por Luis Fernando Nunes
Foto: internet

En esta oportunidad el analista Luis Fernando Nunes reflexiona sobre la diferencia que hay entre Perú y China cuando se trata de castigar la corrupción.

Siempre escribo mi columna los días lunes; ha pasado un par de veces que me he retrasado por algún viaje o proceso gripal. Pero esta vez, ya casi encaminado el artículo, Palacio de Gobierno anunció Conferencia de Prensa de Dina Boluarte, que estuvo 93 días callada y decidí esperar, así que esta semana estamos escribiendo el martes 9, Día Nacional de Argentina.

Todos sabemos de la penetración china en América Latina en lo que se conoce como la Ruta de la Seda, una red histórica de rutas comerciales que conectaba el este de Asia con el Mediterráneo, pasando por regiones de Asia Central, Persia y Oriente Medio. Su nombre proviene del comercio de seda que floreció durante la dinastía Han de China (206 a.C. – 220 d.C.). No obstante, además de seda, se intercambiaban otros bienes como especias, porcelana, piedras preciosas, metales preciosos, productos agrícolas y artesanías. Hoy en día, eso se ha elevado a la enésima potencia y dignatarios de todo el mundo visitan esa milenaria nación con mucha frecuencia. Esta vez le tocó a la presidenta peruana.

Cuando te invitan a su casa, el anfitrión normalmente saca sus mejores galas y hasta le quita el forro a los muebles; así pasó con este viaje: empezaron por deslumbrar a la comitiva oficial con la visita a Shenzhen, esa vieja caleta de pescadores, convertida en menos de 40 años en el Silicon Valley chino. Les mostraron los grandes desarrollos tecnológicos y las enormes posibilidades de trasladar esos avances al Perú. La visita continuó con varias muestras de cómo funciona la salud robótica, la construcción de grandes carreteras, la implementación de las redes ferroviarias de avanzada y otras fortalezas de una de las economías más avanzadas del mundo. Hasta acá, todo bien y el Puerto de Chancay y otras inversiones chinas en la minería peruana y otros renglones, son indicativos del potencial de una inversión comercial y económica de gran escala, de un país comunista en lo político pero infinitamente capitalista en lo comercial.

Pero siempre hay un “pero”; ya lo había adelantado una entrevista a una antropóloga china hace un par de días en la televisión peruana, y luego la primera pregunta a la señora Boluarte por parte de una periodista lo confirmó: “nuestro gran problema” se llama corrupción, ese cáncer que todo lo contamina. ¿Qué pasa con los funcionarios corruptos en China? En casos graves de corrupción, especialmente aquellos que involucran grandes sumas de dinero o que tienen un impacto significativo en la sociedad, los funcionarios pueden ser condenados a la pena de muerte.

En otros países (Arabia Saudita, Irán etc.) y bajo ciertos sistemas legales, particularmente en aquellos que aplican la ley islámica (sharía) de manera estricta, existen castigos físicos severos, como la amputación de manos, para ciertos delitos, incluido el robo. ¿Han visto algún presidente, gobernador, alcalde o ministro manco por ahí?

Esta es la diferencia con China, los corruptos acá gozan de impunidad y los que son atrapados duran poco en la cárcel o disponen de privilegios dorados.

No somos chinos, aunque nos guste el chifa con Inca Kola.

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