El nacimiento de un cuento

En algún momento de la vida, muchos, si no todos, hemos creado historias en nuestra cabeza. Desde juegos con amigos imaginarios hasta mundos paralelos a los que nos transportamos. A solas o acompañados, hemos puesto en práctica el don exclusivo del ser humano. Fantasear es algo que solo los mortales podemos hacer. Ningún otro ser vivo en la tierra es capaz de ello. En este mismo sentido, varios hemos tenido el deseo de contar aquellas fantasías. De hacer de este anhelo una experiencia de emprendimiento. Consciente o inconscientemente, sabemos que comunicar nuestra imaginación beneficia a otros, así como a nosotros mismos. Escribir y narrar un cuento impacta en los demás y puede ser una oportunidad interesante en la economía naranja. Ahora bien, ¿cualquier interesado puede desarrollar la narrativa infantil? Algunos piensan que no. Quizás se equivocan. Todos podemos tentar esta habilidad. He aquí unos iniciales y potentes seis consejos para ello:

  1. Tema central.- Antes de empezar a escribir un cuento debemos determinar el tema principal. ¿Qué queremos abordar? Elegir la materia a tratar nos mantendrá enfocados en la escritura.
  • Personajes.- Para la literatura dirigida a niños basta con tener dos o tres personajes. Más de eso puede confundir a los pequeños lectores. Un héroe, una víctima y un villano son la combinación perfecta.
  • Estructura.- Introducción, desarrollo y desenlace son las tres partes de un cuento. Detallemos dónde y cuándo sucede la historia. Seguidamente, narremos los acontecimientos principales y que generan emociones. Por último, cerremos con un final inesperado y positivo.
  • Oraciones.- Cuando escribimos para infantes las oraciones deben ser cortas. Las muy largas harán que se pierda la atención. Mientras más concretas, mayores posibilidades de que nuestro mensaje se entienda.

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  • Párrafos.- Como en el punto anterior, no deben ser extensos. Párrafos de cuatro a cinco líneas son los más adecuados. Recordemos que nuestro público se está entrenando en la lectura.
  • Enseñanza.- Al margen de su extensión, una obra infantil se hace más noble cuando regala una moraleja. Ya sea cuento o microcuento, tratemos de ejemplificar con una lección. 

El nacimiento de un cuento no es una faena complicada. Si bien requiere tiempo y esfuerzo, es una destreza que se cultiva. Con perseverancia, buen humor y las seis recomendaciones brindadas lo podremos lograr.

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