Equilibrio financiero, desequilibrio político – Por Luis Fernando Nunes

Equilibrio financiero, desequilibrio político – Por Luis Fernando Nunes
Foto referencial: Andina

“¿Quién piensa en el ciudadano común y corriente, que no llega a fin de mes, que es parte de esa informalidad laboral a la que ya nos hemos acostumbrado”,  se preguntó el analista político Luis Fernando Nunes.

Cada fin de noviembre, el Congreso aprueba casi a última hora el presupuesto para el año siguiente, un proceso largo y muchas veces “poco explicable” para el común de los ciudadanos, pues incluye entre otros temas el llamado equilibrio financiero de ese presupuesto, la parte referida al endeudamiento del sector público y hasta un capítulo destinado a dar incentivos al gobierno nacional y subnacionales, que es algo así como un premio a las entidades públicas que gastan de manera eficiente y ordenada el dinero, “nuestro dinero”.

Aún así, la mayoría de los ministerios y los gobiernos en sus distintos niveles, terminan por no ejecutar los presupuestos y terminan por devolver dinero al fisco, con el simple castigo de que el año que viene no los consideran en el incentivo. Esto viene pasando hace varios años, pero nadie se atreve a ir a la raíz del problema: una maraña de leyes y normas que tienen que ver con la descentralización, donde los recursos económicos se entregan, pero la capacidad técnica –y de lógica elemental- para invertir más que gastarlos, brilla por su ausencia.

Sin embargo este año, la coyuntura de la discusión y aprobación de “nuestro dinero” –es nuestro dinero, no el dinero del gobierno para el 2023- nos agarró apenas a 72 horas de haber juramentado un nuevo Gabinete y en medio de una crisis política que empezó con los resultados electorales del 2016 y que ha incluido renuncias, así como la posibilidad de vacancias y hasta cierre del Parlamento.

En realidad no pretendemos desde esta columna analizar lo sucedido, pues de ello se han escrito ríos de tinta, pero sí llamar la atención de los involucrados en estos enfrentamientos que ya están llegando a los extremos de una nueva vacancia presidencial, suspensión del presidente o de un eventual nuevo cierre del Congreso. Vino la OEA –y se fue espantada- ha hablado la Conferencia Episcopal, se ha intentado el Consejo de Estado, se ha marchado en las calles y plazas y no pasa nada.

Por eso nuestro título de hoy, es un llamado a la reflexión: ¿De qué nos sirve un equilibrio financiero si tenemos un terrible desequilibrio político?

Y mientras tanto, ¿Quién piensa en el ciudadano común y corriente, que no llega a fin de mes, que es parte de esa informalidad laboral a la que ya nos hemos acostumbrado y que convive entre la corrupción y la cleptocracia?

Por favor, que alguien se acuerde del querido Perú. Acá estamos.

Por: Luis Fernando Nunes, analista político

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