Las y los impresentables – Por Luis Fernando Nunes

Las y los impresentables – Por Luis Fernando Nunes
Foto referencial: Freepik

“Ustedes conocen muchos impresentables al igual que yo. Puede ser un familiar, un amigo, un vecino, un político, un deportista, un artista”, sostiene el analista Luis Fernando Nunes.

Impresentable, se refiere a algo o alguien que no cumple con las expectativas o normas básicas de comportamiento, calidad o responsabilidad.

Esta definición es bastante genérica (como las medicinas que nos quieren quitar de las farmacias) y algo relativa, porque no todos tenemos el mismo concepto de lo que son las normas básicas de comportamiento, calidad o responsabilidad.

En todo caso, amigos lectores, ustedes conocen muchos impresentables al igual que yo. Puede ser un familiar, un amigo, un vecino, un político, un deportista, un artista, un narco u otro espécimen de la raza humana.

Hacer la lista puede resultar un ejercicio tedioso y complicado. Pero hoy es comienzo de semana y nada nos amilana.

El usar un Rolex en una campaña social dirigida a los más pobres, es algo impresentable y se puede calificar de crasa estupidez y total desubicación.

No juzgo a la gente por su gusto por las joyas, en realidad hemos visto a mucha gente cargada (y recargada) de esos accesorios –por ejemplo, un Vladimiro Montesinos o un Nicolás Maduro- sabiendo que en el fondo, la joya puede querer maquillar o esconder a una basura humana, un impresentable.

Yo opté por algo más sencillo y cómodo: tengo varios Rolex, Cartier y otras marcas reconocidas, todos comprados en Polvos Azules y ninguno ha sobrepasado los veinticinco dólares. La gente me elogia por el buen gusto y no se dan cuenta de la falsificación, porque en el fondo se fijan en mi y no en mi reloj, o sea, me califican de una persona distinguida y con clase, aunque acá volvemos a la discusión bizantina sobre lo que significa una persona distinguida y con clase, términos igualmente relativos y discutibles.

Señora Boluarte: su problema no es el reloj o sus discutibles ropajes de oropel, usted tiene un problema de credibilidad. Cuando usted nos llama sus hermanos y hermanas, no consigue su objetivo sino todo lo contrario: nos aleja de tal nexo. Usted no es nuestra madre ni mucho menos. Hasta nos mintió describiendo una amante de Fujimori, cerca de su natal Chalhuanca en Apurímac que nunca apareció. Ni siquiera nos genera empatía y afecto, tal vez porque llegó a Palacio como una inquilina precaria. Simpatía y afecto tiene mi tía Celina, a la que uno adora a los dos minutos de conocerla.

Le sugiero buscar mejores asesores de imagen –los que tiene, parecen sus enemigos- y lleve esta fiesta en paz hasta que culmine su mandato que pronto olvidaremos y que la historia querrá que no enfaticemos que fue la primera mujer en ostentar el cargo.

Gracias por los Panamericanos 2027, esperemos que no los vea desde una fría e inhóspita celda en Barbadillo, mientras Nicanor disfruta de sus negociados.

Por cierto, en las cárceles no se permite usar joyas, ni siquiera pasadores o cinturones.

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