“Los Toribianitos” – Por Luis Fernando Nunes

“Los Toribianitos” – Por Luis Fernando Nunes
Imagen referencial: Freepik

“Pero en cada gobierno también hay unos Toribianitos”, sostiene el analista Luis Fernando Nunes, en su más reciente columna de opinión.

Debo confesar que, sin llegar a la categoría de “grinch”, los villancicos me gustan un rato y ya. Eso de escucharlos desde noviembre, cuando muchas tiendas revientan las ofertas de adornos y música navideña hasta el siete de enero, no me va.

Acá en el Perú, son los Toribianitos; en Venezuela, Los Tucusitos; en Colombia, Amadeus y en cada país hay grupos emblemáticos de estas tradiciones musicales. La gente los acompaña cantando sus temas más conocidos, toma chocolate caliente en el caluroso diciembre limeño y le pone mantequilla doble a un generoso pedazo de panetón; ya habrá tiempo para bajar la panza.

Pero en cada gobierno también hay unos Toribianitos; la actual mamá del Perú también los tiene y todos muy afinados y disciplinaditos, cantan la misma estrofa y ni pestañean a la hora de hacernos creer una narrativa que ellos ya saben que huele a mentira; son unos ganapanes. El 5% de las encuestas así lo confirma, aunque en Palacio el Vocero Premier y el Vocero Técnico hacen malabares compitiendo con el querido Pinocho de nuestros cuentos infantiles. Ellos creen en aquello que alguna vez escribió Goebbels: “mientan cuanto quieran, una mentira tapa otra mentira y además, la gente poco instruida olvida fácilmente”. Craso error estratégico y comunicacional.

Como hemos mencionado en columnas anteriores, las mentiras tienen patas cortas y a la larga todo se sabrá. Y es cierto que la justicia tarda, pero también es cierto que a cada cochino (puerco o chancho) le llega su sábado. Así que no habrá piedra donde los Toribianitos del actual Ejecutivo puedan esconderse y sus descendientes tendrán que arrastrar esa pesada mochila.

El hermanísimo sigue en sus tareas a través de sus emisarios de recaudar fondos para formar un hipotético partido político; también acá lo hemos mencionado: ese dinero a la larga, pagará costosos abogados para tratar de salvar a Dina de una rosada cárcel en Barbadillo, donde no se permiten exhibir costosas joyas. Eso pasará si ciertos aliados congresales se dan vuelta como una tortilla o si un nuevo escándalo salta a los dominicales y buenas noches los pastores.

Ahora los Toribianitos entonan una aburrida melodía sobre que todos los ataques son conspiraciones mediáticas y de la Fiscalía; acá no vamos a negar que hay algo de verdad en esa letrita barata, pero tampoco olvidemos que quien siembra vientos, pues cosecha tempestades. La mentira compulsiva y serial, siempre termina por dar a conocer lo que esconde; aún estamos esperando que Dina nos ubique sobre la supuesta amante de Fujimori que vivía a pocas cuadras de su natal Chalhuanca; fui a buscarla y nunca la encontré.

Los verdaderos Toribianitos están ofendidos con las malas copias.

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