Palabras – Por Luis Fernando Nunes

Palabras - Por Luis Fernando Nunes
Foto: Pexels

“Al día de hoy, la mentira parece la moneda de trueque entre nuestra clase política”, sostiene el analista político Luis Fernando Nunes. ¿Qué nos está pasando?

Nuestro rico idioma español, está compuesto de 27 letras, el inglés tiene 26 y el chino está compuesto por 50,000 sinogramas (logográficos). A su vez, el diccionario de la Real Academia Española (RAE) y de María Moliner, contienen más de 93.000 palabras.

Con la llegada y evolución de las Redes Sociales, pasamos a estar híper informados, pero, lamentablemente, ello no significa que estemos mejor comunicados.

La palabra está desacreditada. Si bien el lenguaje ha cambiado con los años, tanto en forma, sentido y significado, existen personas que naturalmente son capaces de ir más allá de la palabra, respetarla y darle valor.

El valor es la importancia que le damos a las cosas pero de manera emocional; creemos que el uso correcto de la palabra recae en cuánto valor le demos a lo que estamos diciendo: por ejemplo, si yo le digo a mi papá: ‘’papá yo te prometo que voy a cambiar” no le daremos el mismo valor o importancia si le decimos a alguien “ya si, el lunes te traigo los cien soles sin falta, te lo prometo”; al final, el valor de esa promesa no me importa tanto como lo otro (no quiere decir que no sea así, pero no es mi prioridad), por lo tanto realmente estamos haciendo un mal uso de las palabras porque las ensuciamos en forma de mentira o de excusa o para zafarnos de algo o le dejamos de dar valor al significado de las palabras, porque si lo pensamos bien, prometer es una palabra fuerte y poderosa como diría Edward de Bono, y así con muchas otras palabras, que realmente son “palabras de peso”.

Otro enfoque, es el de la palabra que se convierte en mentira o engaño. La mentira es considerada un antivalor moral y siempre debería tener una connotación negativa. Sin embargo, su uso está muy extendido como mecanismo de supervivencia y en el ser humano incluso, desde el punto de vista de integración social.

Entonces en pleno siglo XXI, caminamos entre el delgado filo de la palabra como verdad y como mentira. Y damos malos ejemplos, como cuando le decimos a nuestros hijos que no mientan y sin embargo si una vecina toca a la puerta y no la queremos atender, le decimos: “hijo, dile que no estoy”; este tipo de “mentirillas blancas”, a la larga, se convierten en una mochila emocional muy pesada y virulenta.

Al día de hoy, la mentira parece la moneda de trueque entre nuestra clase política; asistimos a una serie de narrativas que así nos presentan medias verdades o engaños bien maquillados. Lo lamentable es que eso también está presente en otras áreas de nuestras vidas, muchas veces con consecuencias lamentables.

No es solo un buen consejo para esta columna del último lunes de abril: hable con la verdad, póngale valor a su palabra.

Su conciencia y su corazón se lo agradecerán. Nosotros también.

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