¿Qué pasa en la mente de un corrupto? – Por Luis Fernando Nunes

¿Qué pasa en la mente de un corrupto? – Por Luis Fernando Nunes
Imagen: Freepik

“Si una persona crece en un entorno donde la corrupción es común o está aceptada socialmente, es más probable que la vea como algo normal y justificable”, advierte el analista Luis Fernando Nunes.

Este es un tema recurrente en mis escritos y en más de una ocasión, he afirmado que ya hemos normalizado la convivencia con este cáncer social y político. ¿Es lo mismo que pasa por la mente de un delincuente común, de un violador o de un asesino en serie? Son preguntas y dudas totalmente válidas.

Los investigadores y expertos han identificado algunos factores comunes que podrían influir en la mentalidad de una persona corrupta:

1. Ganancia personal:
El deseo de obtener beneficios económicos, sociales o políticos, puede llevar a una persona a participar en actividades corruptas. La codicia, el poder mal interpretado y la ambición excesiva, pueden nublar su juicio y hacer que justifiquen sus acciones.

2. Racionalización:
Los corruptos a menudo se engañan a sí mismos mediante la racionalización de sus acciones. Pueden convencerse de que su comportamiento es aceptable, debido a circunstancias difíciles, la falta de oportunidades o la “necesidad” de garantizar su supervivencia o la de su familia. Otros, simplemente roban y punto.

3. Normalización:
Si una persona crece en un entorno donde la corrupción es común o está aceptada socialmente, es más probable que la vea como algo normal y justificable. Esto puede llevarla a creer que su comportamiento corrupto, es simplemente parte del juego y que todos lo hacen.

4. Ausencia de consecuencias reales:
Cuando las consecuencias legales o sociales por actos de corrupción son limitadas, muy lentas o inexistentes, algunas personas pueden sentirse más inclinadas a involucrarse en estas prácticas. La falta de rendición de cuentas o maquillar las mismas, puede alimentar la sensación de impunidad.

5. Falta de empatía:
En algunos casos, las personas corruptas pueden carecer de empatía hacia aquellos que se ven afectados por sus acciones. Pueden estar enfocadas únicamente en sus propios intereses y no considerar las consecuencias negativas que pueden generar en otros.

Dos textos nos pueden ayudar a conocer más de este tema: el clásico libro de Alfonso W. Quiroz (prematuramente fallecido, cuando ya estaba escribiendo el Tomo II) y el reciente trabajo de Rubén Cáceres Zapata con el sugestivo título: “La corrupción en el Perú, la clepto estructura del Estado disfuncional”.

La relación entre el cerebro y la corrupción es un tema complejo que ha sido objeto de estudio en campos como la neuroética y la psicología. Si bien existen teorías que sugieren que ciertos patrones de comportamiento pueden estar relacionados con la actividad cerebral, es importante abordar este tema con precaución y tener en cuenta la diversidad de factores sociales, culturales y personales que influyen en la conducta humana.

En lo que respecta a la amígdala, una estructura cerebral asociada con el procesamiento emocional y la toma de decisiones, algunos estudios han explorado su posible papel en la conducta ética y moral. Hay algunas teorías que indican que, cuando hay conductas corruptas, la amígdala enciende un botón rojo, una alarma, pero si la conducta es recurrente, el botón se desconecta y hay un “acomodamiento cerebral” a este tipo de delitos.

El comportamiento humano es el resultado de una interacción compleja entre factores biológicos, psicológicos y sociales. La corrupción, en particular, es un fenómeno multidimensional que involucra aspectos institucionales, culturales, económicos y políticos.

En general, si bien es interesante explorar las posibles bases biológicas del comportamiento humano, es fundamental no caer en determinismos simplistas o reduccionismos biológicos al abordar temas tan complejos como la corrupción y la conducta ética. La corrupción es un problema que requiere un enfoque integral que considere sus múltiples perspectivas.


Es fundamental recordar que la corrupción es un comportamiento dañino y perjudicial para la sociedad en su conjunto.

¿Estas reflexiones le trajeron a su mente, algunos nombres de personajes en los cuales nos gustaría explorar su cerebro para analizar cómo justifican sus actos de corrupción? Porque hacia afuera lo niegan, pero ¿cómo será ese proceso en la intimidad de su mente?

Yo pagaría por ver.

Por Luis Fernando Nunes

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