Salud mental y el olvido – Por Luis Fernando Nunes

Salud mental y el olvido – Por Luis Fernando Nunes
Foto referencial: Andina.

El autor reflexiona sobre la normalización de la violencia, las brechas de atención en salud mental y el riesgo de que este problema vuelva a quedar en el olvido.

Desde antes de la pandemia estuve escribiendo y reflexionando sobre este complejo problema que nos aqueja pero que, lamentablemente, ha ido en ascenso. Los invito a verificar la cantidad de hechos de los últimos meses, semanas y días que se han dado y que cada nuevo suceso, prácticamente, sepulta en nuestras mentes al anterior. El olvido.

Hemos normalizado la violencia en cualquier ámbito y lo del Liceo Naval o las jovencitas embarazadas en nuestros pueblos originarios se unen al asesinato de la candidata en Áncash o al congresista que se exhibe con su amante de turno y la contrata en su despacho, cuando aún no termina la investigación sobre la agresión a su expareja o sepultamos en el olvido que atropelló a una niña indefensa. ¿Y la joven deportista atropellada en San Isidro? Estamos mal, muy mal en cuanto a principios y valores.

La salud mental en el Perú es hoy un problema de salud pública importante. La situación tiene dos caras: ha aumentado considerablemente la atención y la infraestructura, pero todavía existe una brecha importante entre las personas que necesitan ayuda y quienes efectivamente reciben tratamiento. Ansiedad y depresión son algunos de los problemas más frecuentes. Durante 2024, los establecimientos del MINSA registraron más de 1,3 millones de casos relacionados con trastornos de salud mental y problemas psicosociales. Entre los diagnósticos más frecuentes estuvieron ansiedad, depresión, problemas emocionales y de conducta en niños y adolescentes.

En particular, durante 2024 se atendieron 256.563 casos de depresión en establecimientos del MINSA: el 75,3 % correspondió a mujeres y el 24,7 % a hombres. El problema no es solamente médico: también es social, de estrés económico, violencia familiar, inseguridad, desempleo, soledad, conflictos de todo tipo, consumo de sustancias prohibidas y dificultades laborales o educativas que pueden afectar el bienestar psicológico. Existe una enorme brecha de atención: un dato histórico del Instituto Nacional de Salud Mental estimó que aproximadamente 1 de cada 3 peruanos podría presentar algún trastorno mental a lo largo de su vida, y señalaba una brecha de tratamiento cercana al 80 %. Pero de eso, nadie quiere hablar. Se llama silencio social.

Es importante considerar que estas estimaciones provienen de estudios anteriores y no deben interpretarse como una medición actual exacta de 2026, aunque las evidencias indican que ha empeorado.

¿Pero ha mejorado la respuesta estatal? Sí, especialmente con el llamado modelo de salud mental comunitaria. El MINSA reportó 291 Centros de Salud Mental Comunitaria en 2025, además de servicios en hospitales y establecimientos del primer nivel. En 2024, estos centros atendieron 386.158 casos. Además, el Gobierno aprobó el Plan Nacional de Fortalecimiento de Servicios de Salud Mental Comunitaria 2024-2028, cuyo objetivo es ampliar el acceso y reducir las brechas de atención.

Y hay un dato interesante: la demanda está siendo muy visible. La Línea 113 registró más de 72.000 atenciones de salud mental durante 2024, principalmente relacionadas con estado de ánimo, ansiedad, estrés y conductas suicidas.

Y hay una cuestión particularmente importante: salud mental no significa únicamente tratar enfermedades mentales. También significa construir condiciones sociales que permitan a las personas vivir con vínculos, seguridad, propósito, autonomía y apoyo.

Estamos a tiempo de modificar políticas públicas y tratar de atender este problema para que no se nos olvide a cada rato, a cada nuevo escándalo o coyuntura.

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