“Solo soy un simple extorsionador” – Por Luis Fernando Nunes

“Solo soy un simple extorsionador” - Por Luis Fernando Nunes
Foto: Andina

Un ABC sobre un tema que ya nos está ahorcando en el Perú y que pareciera que nos acostumbramos, lo “normalizamos”, advierte el analista Luis Fernando Nunes.

Como saben, la extorsión es un delito que se produce cuando una persona, a través de amenazas o coacción, obliga a otra a realizar un acto en contra de su voluntad, usualmente para obtener dinero, bienes, o algún otro beneficio. Se basa en el uso de la intimidación o el miedo a un daño próximo o futuro, que puede ser físico, emocional, económico o relacionado con la reputación de la víctima.

El extorsionador es la persona que lleva a cabo la extorsión, utilizando amenazas o métodos coercitivos para forzar a la víctima a cumplir con sus demandas.

Hay muchos ejemplos de extorsión

Amenazas de violencia física: Un extorsionador amenaza con dañar a la víctima o a su familia si no se le entrega una suma de dinero.

Amenazas económicas: Un extorsionador amenaza con destruir el negocio de la víctima o arruinar su carrera profesional si no se le proporciona lo que exige. Amenazas de revelación de información: Un extorsionador amenaza con revelar información comprometida o vergonzosa sobre la víctima si no se cumplen sus demandas.

Los elementos claves en las extorsiones: Amenazas: el extorsionador hace una amenaza explícita o implícita de causar algún tipo de daño. Intimidación: el extorsionador utiliza la intimidación para crear un ambiente de miedo y control. Demanda de beneficio: el extorsionador exige algo de valor a cambio de no llevar a cabo las amenazas.

Este fue un ABC sobre un tema que ya nos está ahorcando en el Perú y que pareciera que nos acostumbramos, lo “normalizamos” y que mientras no nos pase a nosotros o a nuestras familias, entonces nos parece algo distante. Es como el terrorismo de aquellos años, que mientras no llegó a la calle Tarata de Miraflores, no formaba parte de nuestras dinámicas.

Estamos asistiendo a extorsiones de alto calibre, unidas a secuestros, ataques con explosivos y otras amenazas de todo tipo. Lo sufre también la clase media en sus medianos o pequeños negocios o emprendimientos en un país con una informalización creciente y hasta le piden dinero diario al ambulante o al que lava lunas en una esquina.

Estos son los temas apremiantes que deberían estar discutiendo los actuales congresistas en leyes y códigos efectivos (yo personalmente multiplicaría por diez las penas para estos delitos y, en caso de reincidencia, aplicaría cadena perpetua), pero resulta que muchos de ellos también están envueltos en situaciones que los enreda penalmente y donde la impunidad precaria no los salvará en el mediano plazo.

Y aunque muchos no se dan cuenta, este tema de la extorsión y sus delitos similares, está destruyendo paulatinamente el tejido democrático en el que todos los ciudadanos tenemos derecho a vivir.

Si seguimos como vamos, el último que se vaya, que apague la luz.

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