SUNAT y los contribuyentes: un necesario balance – por José Ignacio Beteta

SUNAT y los contribuyentes: un necesario balance – por José Ignacio Beteta
Foto: ANDINA

“Es tiempo de repensar la relación entre SUNAT y los contribuyentes”, afirma Jose Ignacio Beteta, presidente de la Asociación de Contribuyentes del Perú, en esta columna de opinión.

En 2017, una importante entidad financiera en Perú interpuso una demanda de amparo ante el Tribunal Constitucional (TC) contra la SUNAT, por cobrarle intereses moratorios generados como consecuencia de la demora del Tribunal Fiscal de la SUNAT en dictar sentencia; este tardó más de 13 años en hacerlo, con lo cual el monto original de S/48 millones de deuda se convirtió en alrededor de S/482 millones.

Es decir, el Tribunal Fiscal tardó 13 años en dictar una sentencia pero aunque la demora era de una entidad estatal, la SUNAT le cargó todos los intereses del tiempo que pasaba al contribuyente. El Estado le cobraba 10 veces la deuda en intereses al contribuyente, aunque era el mismo Estado el que se había demorado en atender el proceso con celeridad.

Hoy, después de 5 años, la misma entidad financiera ha hecho público, mediante un comunicado, que su principal accionista presentó una solicitud de arbitraje contra el Estado peruano ante el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones (CIADI), por el cobro de esos intereses moratorios.

Una de las razones de esta denuncia ante el máximo tribunal internacional de resolución de litigios entre estados y empresas privadas, se debe en parte a que en noviembre del 2021 el TC declaró improcedente la demanda promovida en 2017 por el banco peruano contra la Superintendencia Nacional de Administración Tributaria (SUNAT) y el Tribunal Fiscal por este asunto.

El tema de fondo lo explica la entidad financiera en su comunicado: “la indebida aplicación de intereses moratorios por el período transcurrido luego de vencido el plazo legal para la resolución por parte de Sunat y el Tribunal Fiscal de una reclamación tributaria respecto del Impuesto General a las Ventas que fue finalmente resuelta mediante la Resolución N° 14935-2013, luego de un procedimiento administrativo con una duración de cerca de 14 años”.

El caso de este banco fue el de otras muchas empresas. Los litigios tributarios tardaban en resolverse, el tiempo pasaba y SUNAT seguía alegremente acumulando intereses sobre la deuda inicial. En varios casos, el monto final era 10 veces mayor que la deuda inicial por la cual se iniciaba el problema.

Algunas empresas decidieron pagar los intereses y no reclamar, con lo cual, queriendo o sin querer, avalaron un abuso inaceptable. Pero el TC también lo avaló. Ahora le tocará a un tribunal internacional determinar si el contribuyente tenía la razón.

Es tiempo de repensar la relación entre SUNAT y los contribuyentes. La entidad estatal ha hecho muchos avances en facilitarle al contribuyente el cumplimiento de sus obligaciones tributarias, lo cual es muy positivo, pero también ha hecho muchos esfuerzos en exprimir hasta la última gota del dinero de los contribuyentes, a través de este tipo de injusticias y otras más.

Las empresas grandes pueden soportar el caso de SUNAT, las medianas y pequeñas no. Las empresas grandes terminan normalizando el comportamiento de la entidad recaudadora de impuestos, de alguna forma, pero en esta pelea de “gigantes” lo único que logran es que las reglas de juego sean irracionales y desproporcionadas para el 95% de la población. Un país así es insostenible. Ha llegado el momento de buscar un balance necesario entre el poder de la SUNAT y la vulnerabilidad de la gran mayoría de contribuyentes. 

Artículo de opinión por Jose Ignacio Beteta, presidente de la Asociación de Contribuyentes del Perú

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