Un tufillo- por Luis Fernando Nunes

Un tufillo- por Luis Fernando Nunes
Foto:Andina.

El politólogo analiza lo ocurrido en el Cusco, a consecuencia de la implementación del sistema de venta de boletos a Machu Picchu.

La palabra “tufillo” se utiliza para referirse a un olor débil, leve o suave, generalmente desagradable. También puede usarse de manera figurada, para expresar una sospecha o indicio leve de algo negativo. En este último contexto, se emplea para describir una situación o comentario que sugiere algo negativo o sospechoso, aunque no de manera explícita. En ambos casos, la palabra “tufillo” está asociada con algo que es tenue o leve en comparación con un olor o indicio más fuerte.

Ese indicio más fuerte ya puede denominarse como algo fétido, que huele a podrido.

Desde hace bastante tiempo se viene hablando de la implementación de un sistema de venta de boletos a Machu Picchu a través de una moderna plataforma digital. Una rápida consulta en las redes sociales, te permite saber que así puedes visitar Disney World, la Torre Eifell o el Cristo del Corcovado.

Este fin de semana el reconocido empresario Juan Stoessel Florez, fundador y CEO de Casa Andina (a quien de paso, no conozco ni en pintura) escribió en un medio local, una columna que pudiéramos llamarla “Venta de entradas para Machu Picchu para Dummies”, aunque él prefirió ponerle “Levantándose Machu Picchu en peso” y ahí explica lo que un ser común y corriente como yo o usted estimado lector, percibimos como un tufillo camino a fétido cuando vemos supuestas “y que protestas populares”, en este caso para mantener la venta manual de entradas a una de 7 las maravillas del mundo.

A inicios de mis columnas semanales, escribí una que causó mucho revuelo; la llamé “La Pendejocracia”; esta viene como anillo al dedo a lo que está pasando en Aguas Calientes: trenes suspendidos, hoteles y restaurantes sin público y centenares de turistas varados, que seguramente regresarán a sus países y les dirán a sus amigos, que busquen mejores destinos turísticos. 

Y esos supuestos huelguistas con la clásica de que “A Machu Picchu no se le debe privatizar”, cuando en el fondo lo que hay es un enorme círculo de corrupción en escala, donde sólo en el 2023, se vendieron miles de boletos “fantasmas”, pues nadie sabe a dónde está ese dinero. ¿Y qué pasó en los años previos?

Es el mismo tufillo cuando traficantes de terrenos hacen de las suyas y las autoridades “bien gracias”, cuando en las farmacias de los hospitales no hay medicinas pero los hospitales están rodeados de otras farmacias que sí tienen lo que urgentemente buscas y la larga lista de negocios hediondos, está a vista y paciencia de todos.

Y lo peor de todo: estamos normalizando ese tufillo, esa peste, que cuando menos lo esperemos, también terminará devorándonos. El olor de la corrupción, se parece al de mil ratas muertas.

No se vale disfrazar el tufillo con perfume. Hay que erradicarlo.

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