¿Es bueno o malo estar reportado en una central de riesgos?

Redacción PQS
En estos últimos meses se viene escuchando el rumor de que el nivel de morosidad se ha incrementado y las personas comienzan a preocuparse porque aparecen registrados en “Centrales de Riesgo”. Conviene pues, explicar en lenguaje sencillo por qué se registran nuestras actividades crediticias y por qué es de acceso público.

Por Rafael Montoya, Gerente General AIT GROUP

En estos últimos meses se viene escuchando el rumor de que el nivel de morosidad se ha incrementado y las personas comienzan a preocuparse porque aparecen registrados en “Centrales de Riesgo”.

Coloquialmente “estar en una Central de Riesgo” se ve como algo perjudicial. Sin embargo, esto no es así necesariamente. Conviene pues, explicar en lenguaje sencillo por qué se registran nuestras actividades crediticias y por qué es de acceso público.

Cualquier persona (natural o jurídica), desde el punto de vista financiero, puede tener “activos” o “pasivos”.

Los primeros se refieren a sus propios fondos (dinero) expresados en cuentas bancarias (ahorros, corrientes, especiales, etc). Los segundos están referidos a los créditos de fondos obtenidos, en sus diversas modalidades, hipotecarios, vehiculares, capital de trabajo, empresariales, etc.

El “activo financiero” para una persona constituye un “pasivo” para la institución financiera que recibe dichos fondos, pues sobre ellos debe pagarle una retribución denominada “intereses”. A su vez, el “pasivo financiero” de una persona (préstamo) representa un “activo” para la institución financiera que otorgó dichos fondos (generalmente en forma de créditos) lo que le genera una retribución en forma de intereses a dicha entidad.

Dado que el otorgamiento de créditos se sustenta en la existencia de un Sistema formal (sistema financiero) y que éste a su vez, “intermedia” (coloca) el dinero que recibe (ahorros, cuenta corrientes, etc) en forma de préstamos a aquellos que lo solicitan (lo que nos lleva a determinar que el Sistema “presta” el dinero que “recibe”), el Estado, impone al Sistema Financiero una serie de obligaciones para proteger dichos fondos.

Una de estas obligaciones entre varias de distinta naturaleza lo constituye la “calificación” de los usuarios (quienes reciben los préstamos) en base a su puntualidad en el cumplimiento de los créditos recibidos.

Existen cinco (5) niveles de calificación del comportamiento crediticio:

  • NORMAL (cumple obligaciones dentro de los 30 días)
  • CON PROBLEMA POTENCIAL (tiene retrasos en sus obligaciones entre 31 días y 60 días)
  • DEFICIENTE (tiene retrasos en sus obligaciones entre 61 y 120 días)
  • DUDOSO (tiene retrasos en sus obligaciones entre 121 y 365 días)
  • PÉRDIDA (tiene retrasos en sus obligaciones mayores a 365 días).

En base a la breve explicación anterior, conviene nuevamente preguntarse ¿Es bueno o malo estar reportado en una Central de Riesgos?

La respuesta es una sola. Depende.

Así pues, si el comportamiento de pago que tenemos es puntual, nuestra calificación será NORMAL y ello es bien visto. De otro lado, tener atrasos en nuestras obligaciones crediticias, desmejora nuestra calificación lo cual será evaluado por las entidades al momento de analizar al titular correspondiente.

Es saludable señalar que no solo las operaciones “pasivas” (préstamos) obtenidas en el Sistema Financiero se reportan. Por mandato legal, la SBS cuenta con una Central de Riesgo que aglutina todos los reportes de las instituciones que ella controla.

Sin embargo, hoy en día, existen instituciones privadas –denominadas “Centrales de Riesgo” que acopian reportes de diversas entidades y las obligaciones que ellas administran. Así por ejemplo, en estas Centrales se reportan obligaciones tributarias y laborales (SUNAT), obligaciones de la ONP y AFPs, obligaciones municipales, obligaciones comerciales diversas y de todas aquellas instituciones privadas que consideren conveniente publicar los créditos que otorgan.

Cada una de estas entidades tiene su forma de “calificar” el comportamiento de pago de los deudores siendo los más conocidos los denominados “scoring” (se establece un “puntaje” de 0 a 1,000 en donde mil es “muy puntual” y cero es “muy impuntual”), “semáforo” (se utilizan los colores rojo, ambar y verde para calificar el comportamiento crediticio), etc.

Días atrás acudí a un evento sobre perspectivas de la economía peruana en el próximo año 2016 en donde como introducción se hizo mención a la “década dorada” 2002-2012, en la que nuestro país tuvo un crecimiento promedio del 6% anual del PBI y que ahora sólo es un nostálgico recuerdo.

La “década dorada” se caracterizó por ingreso sustantivo de inversión extranjera directa, exceso de liquidez, mayor gasto público, etc, todo lo cual redundó en mayor oferta de empleo, incremento de ingresos y mayor consumo.

Muchos peruanos tuvimos la oportunidad de mejorar nuestra calidad de vida y tener acceso a créditos en el sistema financiero o terceros para adquirir bienes o servicios que antes hubiesen sido ilusorios. Nos habíamos acostumbrado a este ritmo y pensábamos que esta situación nunca acabaría.

En el 2013 y 2014 se dieron las primeras señales de una desaceleración económica en el país (y mundo entero) ocasionando que, entre otros, se impacten los negocios, salarios, empleos, y, consecuentemente el consumo.

Como era de suponer y es humano reconocerlo nos resistimos a dicho cambio y pensábamos que la mala situación era temporal y pronto se rectificaría. Se mantuvo –equivocadamente los mismos niveles de gasto en el entendido que pronto recuperaríamos nuestros niveles de ingresos y acceso al crédito de la “década dorada”.

Dado que en el presente 2015 se confirmó el enfriamiento de nuestra economía, el nivel de ingresos se ha resentido y el acceso al crédito se endureció ocasionando los primeros atrasos o incumplimientos de diversas obligaciones crediticias. Todo esto ahora se corrobora con el incremento del nivel de morosidad en el sistema financiero.

Lo anterior nos obliga a reflexionar sobre las medidas concretas que debemos adoptar en el manejo de nuestras finanzas personales y empresariales dado que el próximo año 2016 se avizora una idéntica situación debido a la coyuntura electoral.

Por más que parezca sencillo, este tema es muy rico y ambicioso y sólo hemos abordado la parte genérica por ello, nos comprometemos a profundizarlo en otras notas futuras. 

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Posted by PQS on jueves, 19 de noviembre de 2015

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