Pegado con babas

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Hay una cosa mala y otra buena que podemos extraer de este episodio de la confianza “in extremis” conseguida por el gabinete Jara. 

Autor: Alfonso Baella Herrera 

Hay una cosa mala y otra buena que podemos extraer de este episodio de la confianza “in extremis” conseguida por el gabinete Jara. 

La mala es que ha quedado demostrado que el presidente no entiende la política como diálogo, conversación o aproximación. Su formación es de entraña militar donde el credo es tomar el objetivo sin dudas ni murmuraciones. Para Ollanta Humala avanzar significa cumplir la orden y punto. No entiende el peligro de las victorias pírricas porque, por lo visto, mientras se gane, inclusive como sea, se avanza. 

Sin embargo, aunque muchos ya lo habían previsto y todos hemos sido testigos de esa actitud, también es cierto que ciertas personas, entre las que me encontraba yo, abrigábamos la esperanza que el cargo le enseñara y que el peso de ser presidente le sumara experiencia. Pero ha sido una ilusión. No ha aprendido y sinceramente a estas altura parece que no aprenderá. Por lo tanto seguiremos viendo más eventos en los que se estrellará y con eso sólo habrá más sobresalto, menos estabilidad y, por consiguiente, menos confianza en la inversión. Es duro pero es cierto. 

La buena es que la oposición desde el congreso y fuera de este, tiene que pasar a proponer caminos y alternativas. Los parlamentarios deberán dejar sólo la fiscalización para pasar a proponer nuevas leyes y la enmienda de varias que están en el candelero. Igual pasa con los partidos o los líderes políticos. Eso les corresponde porque para eso han equiparado fuerzas. No sabemos si darán la talla pero tienen que hacerlo. Y la premier, por su parte, deberá no sólo escuchar sino tomar en cuenta esas sugerencias sino quiere terminar realmente arrinconada y finalmente pulverizada políticamente. 

Si Ana Jara no comienza a ejercer el “anajarismo” y pone mano y pie fuertes dentro del gabinete -o si no la dejan- el escenario se pondrá color hormiga. Y allí Nadine puede volver a jugar un papel desestabilizador o de unidad e impulso. O Nadine decide apoyar a Jara resueltamente y la empodera, o socava su cargo con decisiones caprichosas. Entre Jara y Heredia parece haber una buena comunicación y cercanía; eso puede ser bueno si se actúa con madurez o fatal si no se ve el bosque y se quedan en el árbol.

Quizá de todo esto debamos nosotros, los que estamos lejos del centro de poder y cerca de la calle, aprender. Nuestro tarea debe ser tratar de extraer lecciones para el futuro. Hablemos en familia y con nuestros amigos. Aprendamos las lecciones que todo esto nos está dejando. Si no lo hacemos nos puede volver a pasar lo mismo y mucho peores cosas.

Autor: Alfonso Baella Herrera 

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